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Presente y futuro

Por: * Riaño
Sábado 02 de June del 2018 | 23:48
noticia publicada en Rincón de Riaño

Decía Patxi Puñal hace unos meses en un foro de la UPNA sobre Fútbol y Derecho que, de entre todos los entrenadores que había tenido, había uno que destacaba por su capacidad para motivar al equipo antes de salir a jugar un encuentro de fútbol. Su nombre, Javier Aguirre. En palabras del gran capitán osasunista, conseguía que salieran al campo con una intensidad añadida que aportaba ese plus especial que te hace ganar los encuentros desde el propio vestuario.

El día de Valladolid era uno de esos días en los que se requería casta, motivación e intensidad. Dar un paso adelante, acorde con la calidad que se presupone a un equipo construido sobre una base económica importante, e imponer un estilo de juego definido. Con personalidad. Y esto es algo que los rojillos no mostraron en un encuentro que tenía todos los ingredientes de una gran final. Un inicio esperanzador se diluyó rápidamente con el transcurrir de los minutos, mostrando un Osasuna que se movía en el campo sin la solidez que requieren este tipo de encuentros. Hacía falta jugar, y no se jugó. Hacía falta morder, y no se mordió -en un sentido deportivo, y dentro del límite del reglamento naturalmente-. Hacía falta ofrecerse en busca de una generación de alternativas de pase, y se hizo en contadas ocasiones.

No fue un buen partido. Y lo peor de todo es que no pilló por sorpresa a la parroquia osasunista, que ha saboreado a lo largo de la temporada en demasiadas ocasiones el regusto amargo de la decepción y la desilusión. Osasuna ha llegado con opciones a la última jornada, y ha terminado muriendo en la orilla. Eso sí, arropado por una hinchada sin igual que le ha brindado un apoyo incondicional a lo largo de toda la temporada. En los buenos y en los malos momentos. Y que no ha encontrado respuesta en un equipo que partía de inicio, por fichajes y planteamiento deportivo, como uno de los favoritos para luchar por el ascenso directo. Un equipo al que le ha faltado algo, un punto especial, en el juego y en la motivación, para poder alzarse como un serio aspirante a todo. En este juego de decepciones, muchos atribuirán la culpa casi en exclusiva a Diego Martínez, como responsable máximo de la parcela deportiva. Sin embargo, no creemos que deba cargar en exclusiva con la culpa alguien que ha mostrado, sin lugar a dudas, una notable dosis de dedicación, profesionalidad y conocimiento. Entrenador joven al que le queda un amplio margen en su futuro recorrido y cuya experiencia recuerda mucho a la de un bisoño Rafa Benítez, que aterrizó en Osasuna con la misma ilusión, inexperiencia y buenas maneras, y que abandonó prontamente el club rojillo tras una temporada sin pena ni gloria. ¿Debería la directiva rojilla conceder un voto de confianza a un entrenador que -como primer espada y en el fútbol de élite- está comenzando su trayectoria profesional, y al que todos los que le conocen auguran un futuro prometedor? ¿Debería conceder tal oportunidad a un proyecto a medio plazo, sobre la base de un conocimiento asentado en lo sucedido esta temporada? A ellos les corresponde decidirlo. Con responsabilidad, frialdad y una vez analizados los pormenores -internos y externos- de la presente temporada.

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